miércoles, 16 de diciembre de 2009

La uToPíA DeL ReInO


Somos una mezcla explosiva
de realidad y utopía,
sueño de futuro impreciso
en un presente inacabado.


Utopía es fijar la mirada en algo sin lugar.
Posible o imposible, realizable o irrealizable, pero no situable.
Fuera de nuestro mapa. El utópico vive junto a la locura.



El evangelio es una utopía.
La iglesia de Jesús es una utopía.
La tierra prometida es una utopía.
El mundo en el que vivan juntos corderos y lobos es una utopía.
La eucaristía es alimento para una utopía.

El cristiano es un hombre que sueña, como Jesús, en la utopía.
Trabaja por la utopía, genera utopías, siembra utopías,
aunque acabe, con frecuencia, destrozado por la realidad.


Sin utopías seríamos simples animales.
Estamos condenados al hambre de la perfección.
Si un político no vive en la utopía, es un mero comerciante.
Si un cristiano no siente la herida de la utopía es un simple pagano.
Si un joven no es utópico es ya un viejo.
Si un viejo no es utópico es que ya está muerto.

La utopía: he ahí una de las grandes raíces de la profunda insatisfacción humana.

Con la perspectiva de un Dios Padre, oteando desde la última colina,
esa tensión es soportable en la esperanza.
Sin un Dios bueno, allá al final, esto no hay quien lo aguante.



Estar siempre en camino, estar haciéndose siempre.
Ese sueño de verse terminado, esa angustia de inestabilidad,
esa locura por lo absoluto es fuente de amargura, de miedo, del ridículo humano.

Al buscar desesperadamente dogmas, buscamos lo absoluto, anhelamos metas,
fingimos seguridades imposibles.
A las que nos aferramos hoy, y que nos convierten, al día siguiente, en payasos.
Todo por querer transformar la vulgar realidad en la utopía atrapada.


Esto quiere decir que ni el conocimiento filosófico, ni el teológico,
ni siquiera el científico, han llegado, en nada, a ninguna estación final.
El hombre no lo sabe todo de algo. No ha conquistado nada del todo.
La raza humana no está en situación de haber vencido,
por completo, en ninguna de sus batallas.

Los dueños, ya sean religiosos, políticos, científicos o filósofos,
al absolutizar y dogmatizar sus conquistas,
corren el riesgo de que el tiempo se mofe de ellos.


Pero no aprendemos.
Vamos de triunfo en triunfo, de dogma en dogma hasta la derrota final.
Y es que nuestra situación, transida de espacio y tiempo,
es una mezcla explosiva de realidad y utopía,
sueño de futuro impreciso en un presente inacabado.

He ahí un argumento definitivo para la humildad.
El antídoto a cualquier despotismo, papanatismo
o vendedor ambulante de pócimas mágicas.


Caminar con nuestra ignorancia y nuestra pobreza a cuestas
nos hace más humanos, más hermanos,
más dialogantes, más abiertos al único Absoluto.

Autor desconocido

¡Gracias Isidro por el aporte!

jueves, 5 de noviembre de 2009

Una Sonrisa tengas


Aun si contigo no estuviere
No pienses que de ti me he olvidado,
Que sin importar a dónde fuere
Mi espíritu se queda a tu lado...

Cuídate mucho, y después que mis versos leas,
sólo te pido que en tu rostro una Sonrisa tengas.


César Octavio Martínez Benavidez

martes, 29 de septiembre de 2009

NO TE DETENGAS


ACERCA DE WALT WHITMAN...

West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, 31 de mayo de 1819 – Camden, Nueva Jersey, 26 de marzo de 1892), Fue un poeta, ensayista, periodista y humanista estadounidense. Su trabajo se inscribe en la transición entre el Trascendentalismo y el Realismo, incorporando ambos movimientos a su obra. Whitman está entre los más influyentes escritores del canon norteamericano (del que ha sido considerado su centro) y ha sido llamado el padre del verso libre. Su trabajo fue muy controvertido en su tiempo, particularmente por su libro Hojas de hierba, descrita como obscena por su abierta sexualidad. Su influencia ha sido amplia, siendo tenido como el padre de la moderna poesía americana. Entre los escritores que se han visto marcados por su obra figuran: Wallace Stevens, Hart Crane, D.H. Lawrence, T.S. Eliot, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, John Ashbery, entre otros.

Nacido en Long Island, trabajó como periodista, profesor, empleado de gobierno y enfermero voluntario durante la Guerra civil estadounidense. Al inicio de su carrera, también produjo una novela, Franklin Evans (1842). Su obra maestra, Hojas de hierba, fue publicada en 1855, costeada por él mismo. El libro fue una tentativa de tender los brazos hacia el ciudadano común con una épica americana. La obra fue siendo revisada y expandida durante el resto de su vida, siendo publicada la edición definitiva en 1892. Luego de un derrame al final de su vida, se movió a Camden, Nueva Jersey, donde su salud declinó. Murió a los 72 años y su funeral se convirtió en un espectáculo público.

Editado por:

Erlantz, el Montaraz

domingo, 30 de agosto de 2009

DIOS: Vida-Muerte-Resurrección

¡Dios ha muerto!
Murió en una cruz
la tarde de ayer,
en la persona de Jesús.

Y hoy, en nuestro huerto,
los frutos parecen caer
como estrellas carentes de luz.

Todo calla, nada parece cambiar,
pero es precisamente el grito del silencio
lo que inquieta, lo que agobia;
y es que ahora, sin la piedra angular,
todo aparece como vago adorno vacío,
como triste atardecer de tenue tono sepia.

El hombre ha quedado sin Dios,
y con ello, también sin humanidad.
El viento seco que surca nuestros campos
más que aliento siembra vaciedad
y mientras nuestros corazones son oprimidos
nuestro llanto clama: ¡Piedad!

Pero no todo está perdido,
y algunas mujeres lo han venido a anunciar:
el que de nuestro lado ha partido
prometió, al tercer día, resucitar.
Este es tiempo de en angustia esperar
al que a la muerte para siempre ha vencido.

Vida y muerte, muerte y vida,
ninguna es plena, sin la hazaña de resucitar,
y aunque amargura y angustia ese trance nos da,
la existencia en gozo, se place en transformar.

No olvides cristiano, la tarea encomendada:
aun en el desierto, estás llamado a sembrar.


Erick Fernando